viernes, 10 de junio de 2016

San Luis de los Franceses


La iglesia del antiguo noviciado de la Compañía de Jesús constituye uno de los ejemplos más sobresalientes del barroco sevillano. La originalidad del edificio radica muy especialmente en el trazado de su planta, única en Sevilla, y de marcada influencia italiana.

En el año 1609 dispuso la Compañía de Jesús instalar un noviciado, bajo la advocación de San Luis Rey de Francia, en Sevilla. Desde los primeros momentos se preocupó la Orden de la edificación de un templo que satisficiese las necesidades del Noviciado, pero las obras no dieron comienzo hasta 1699, finalizándose en 1731 y siendo bendecida en Noviembre de ese mismo año. Fue consagrada la Iglesia en honor de San Luis, Rey de Francia y de los Santos mártires Benito y Casto en 1733.

La iglesia se ha atribuido a Leonardo de Figueroa, aunque se considera que la planta vino impuesta por la Compañía de Jesús, llevándose a cabo intervenciones posteriores al cargo de Antonio Matías de Figueroa y Diego Antonio Díaz.

El templo de San Luis y el Noviciado fueron poseídos por la Compañía de Jesús hasta que se decretó la expulsión de los miembros de la Orden, por el Rey Carlos III. Tras este hecho el edificio quedó sin uso, destinándose luego a Seminario Clerical.

En 1784, es ocupado por la comunidad de franciscanos descalzos bajo la advocación de San Diego, cuyo convento situado en las espaldas de San Telmo, había sufrido graves daños en una gran avenida del Guadalquivir acaecida en 1783. Permanecieron aquí los religiosos durante veinticinco años, hasta que la invasión francesa provocará su exclaustración en 1810.

Posteriormente los franceses establecieron un Hospicio donde se recogían a los religiosos ancianos y pobres de todas las órdenes. Pasada esta época volvieron a ocuparlo los dieguinos hasta su devolución a la Compañía de Jesús en 1817, que lo ocupó hasta que en 1835 volvieron a ser desposeídos de él por orden de la Reina.

La iglesia y el noviciado, tras un breve destino como casa de beneficencia, fueron dedicados a Hospicio Provincial.

En 1920 un rayo penetró por el lado occidental de la bóveda y en su recorrido hizo destrozo en ella, en la imagen alta, cornisa general y bóveda del coro; sufragando la restauración la Superiora Sor Dominica Erezuna con sus fondos particulares.

La iglesia contiene un complejo programa iconográfico jesuítico en cuya ejecución trabajaron los mejores artistas sevillanos del siglo XVIII como Pedro Duque Cornejo, Lucas Valdés, Domingo Martínez, etc., destacando los retablos, las pinturas murales y la cúpula.

La iglesia del antiguo noviciado de la Compañía de Jesús constituye uno de los ejemplos más sobresalientes del barroco sevillano. La originalidad del edificio radica muy especialmente en el trazado de su planta, única en Sevilla, y de marcada influencia italiana.

Dada esa posibilidad, el arquitecto sevillano Leonardo de Figueroa, máxima figura del barroco local en su momento de mayor creatividad, y cuya intervención en la iglesia está documentada, se limitaría a actuar como simple maestro de obras, lo cual no fue obstáculo para que se decidiera a introducir en ellas su característica impronta decorativa. Otros arquitectos intervinieron también en la ejecución de esta iglesias, como Antonio Matías de Figueroa, hijo del anterior, y Diego Antonio Díaz.

La planta de la iglesia se resuelve en un rectángulo donde incluye un espacio centralizado resuelto con planta de cruz griega, casi circular, cubierto por una enorme cúpula sobre tambor que le otorga intensa iluminación al conjunto. Cuatro espacios semicirculares se abren en cada frente de este recinto, sirviendo el frontal de Capilla Mayor. El interior se articula con elegantes columnas salomónicas sobre alto pedestal, entre las que se abren capillas, hornacinas y tribunas en dos cuerpos, con amplio friso decorado sobre el que se alzan el tambor y la cúpula.
Detalle de la decoración escultórica central en fachada.

Un amplio programa iconográfico de exaltación jesuítica cubre por completo los muros y la cúpula de la iglesia, donde dejan parte de su mejor trabajo profesional pintores de la talla de Lucas Valdés y Domingo Martínez, así como el escultor Pedro Duque Cornejo. En su aspecto decorativo hay que hacer especial mención del diseño en las tallas de madera y de forja que muestran las tribunas en sus balcones y celosías. El retablo principal, con lienzos de la escuela de Zurbarán, da muestra de la versatilidad de Duque Cornejo, artista que combina con facilidad y maestría la rica colección de cuadros de distintos formatos con espejos, relicarios y cortinajes.

La fachada de la iglesia cuenta también con un planteamiento espectacular, aunque su falta de perspectiva, en el estrecho tramo de la calle San Luis donde se ubica, le priva de la visión que le otorgó su autor, pensando quizás en un espacio más amplio para ser contemplada. Se levanta en dos cuerpos de altura: uno primero porticado con cinco vanos que alternan el ritmo de arco y dintel, que se corresponden en el segundo con ventanales decorados con frontón alterno curvo y recto. Una balaustrada corona el frente, interrumpida por frontón con ángeles con el escudo real; y dos torres de planta octogonal cierran la fachada, centrando entre ellas el potente volumen de la cúpula revestida como aquellas con azulejos y tejas en blanco y azul. Elemento importante de esta fachada es la admirable labor decorativa tallada en ladrillo que refuerza con intensidad sus elementos, en los que se muestra la impronta característica de Leonardo de Figueroa.

Dos torres campanario, de planta octogonal, se levantan a ambos lados de la fachada, siguiendo el eje de los huecos extremos. En ellas se alternan vanos de medio punto, doblados, con hornacinas aveneradas que portan esculturas de santos y evangelistas, flanqueadas por columnas decoradas en su tercio inferior y superior y estriadas. Este cuerpo se presenta recorrido por un entablamento con cornisa decorada con casetones y cornisa moldurada y saliente. El segundo cuerpo, también octogonal, es macizo y presenta decoración de recortes y molduras mezclados con azulejos vidriados en azul. Las torres se encuentran rematadas por un cupulín con nervios y tejas vidriadas en azul y blanco, coronado por una linterna con veleta y cruz de forja.

Por fin parece que esta joya del Barroco sevillano reabrirá sus puertas, tras un largo periodo de restauración, para la próxima Bienal de Flamenco, que se celebrará entre el 9 de septiembre y el 2 de octubre, según  director del certamen, Cristóbal Ortega, y el delegado de Cultura, Antonio Muñoz, han anunciado la medida este jueves en Fitur durante la presentación de la programación cultural del próximo otoño en la ciudad. No será mal momento para disfrutarla.

sábado, 16 de abril de 2016

Palacio de San Telmo


El máximo esplendor de este edificio lo alcanzó a mediados del siglo XIX, cuando se convirtió en residencia de los duques de Montpensier.

El 10 de marzo de 1682 se inició la construcción del edificio sobre unos terrenos ubicados extramuros de la ciudad, que eran propiedad del Tribunal de la Inquisición, para instalar en él la sede del Colegio-Seminario de la Universidad de Mareantes, institución que acogía y formaba a huérfanos de marineros, y que se convirtió un siglo después en el Colegio de la Marina, en el que ingresó en 1846 el poeta Gustavo Adolfo Bécquer. La denominación de San Telmo es debido a que éste es el patrón de los navegantes, y su figura preside la imponente puerta principal. Anteriormente, durante los siglos XVI y XVII, la Universidad de Mareantes estuvo situada en la calle Betis.

A partir de 1847 dejó de funcionar como tal, y fue destinado para diferentes usos, siendo sede de la Sociedad del Ferrocarril o de la Universidad Literaria, encontrándose infrautilizado y con sus obras paralizadas.

El máximo esplendor de este edificio lo alcanzó a mediados del siglo XIX, cuando se convirtió en residencia de los duques de Montpensier. Es en 1849 cuando este edificio fue adquirido por Antonio de Orleans y María Luisa Fernanda de Borbón, duques de Montpensier, que lo convirtieron en su residencia oficial.

Los Duques de Montpensier compran el edificio, las fincas del antiguo convento de San Diego y la Huerta de Isabela, fijando aquí su residencia. Se termina la torre norte, se levanta el ala este y salón de baile al sur, y se restaura la portada principal incorporando escudos de las casas de Orleáns-Borbón y se remata con un reloj.

Las fincas del convento y huerta Isabela se ajardinan al estilo versallesco y se cercan todas las propiedades por cancel de fundición sevillana.

Las nuevas estancias son estucadas y doradas por Pelli y Rossi y vestidas sus paredes por pinturas traídas del Palacio de Vista Alegre. Los techos del salón de baile son decorados por Rafael Tejeo.

Antonio de Orleans, Duque de Montpensier, aspiró a la corona de España intentando un matrimonio con Isabel II, pero finalmente casó con su hermana, la infanta María Luisa Fernanda, renunciando a cualquier pretensión. No obstante, llegaron a constituir una minicorte, realizando viajes oficiales a diferentes puntos de España, al estilo de la realeza (como los realizados a Málaga o Covadonga), o apoyando a diferentes artistas, entre los que destacaron, además de pintores, un cierto número de practicantes de ese nuevo arte, casi mágico, que se llamaba Fotografía. El Duque se convirtió en un gran aficionado, no faltando en su biblioteca álbumes repletos de vistas de Masson, Clifford y otros. A finales de siglo, muerto ya su esposo, la infanta María Luisa cedió a la ciudad de Sevilla una gran parte del terreno anexo al palacio, espacio en el que se construyó el parque y jardín que lleva su nombre.

El terreno anexo al palacio abarcaba gran parte de lo que hoy es el parque de María Luisa, y tenía su propio embarcadero para comunicarse con el río Guadalquivir.

El salón principal del palacio fue escenario el 12 de diciembre de 1877 de la pedida de mano de su hija María de las Mercedes de Orleans por parte del duque de Sesto, José Isidro Osorio y Silva-Bazán, y el senador Francisco Marín de San Martín, marqués de la Frontera, en nombre de Alfonso XII de España, mediante una carta manuscrita del rey.

Al fallecer en 1897 la infanta María Luisa Fernanda, duquesa viuda de Montpensier, legó el palacio a la Archidiócesis de Sevilla y cedió sus jardines, que hoy forman el Parque de María Luisa, a la ciudad de Sevilla, aunque su trazado fue modificado con ocasión de la exposición de 1929.

En 1901, siendo arzobispo de la ciudad Marcelo Spínola, el palacio se convirtió en seminario, hasta el año 1989 en que fue cedido por el arzobispado de Sevilla a la Junta de Andalucía, para albergar la sede del gobierno autonómico, uso que mantiene en el día de hoy.

En 1991 se comenzó su rehabilitación para convertirlo en sede oficial de la presidencia de la Junta de Andalucía, iniciándose en 2005 una segunda fase de restauración centrada principalmente en rescatar la estructura original y detalles del interior del edificio, que habían sido sometidos a múltiples intervenciones que los habían desvirtuado. El proyecto estuvo a cargo del arquitecto sevillano Guillermo Vázquez Consuegra.

Descripción del edificio

El palacio está considerado como uno de los más bellos ejemplos del barroco sevillano. La planta es rectangular, con dos plantas más ático, torreones en las esquinas, jardines y varios patios interiores, contando el principal con un claustro cuadrado en el centro.

Su construcción se inicia en 1.682. Las obras estuvieron a cargo de Antonio Rodríguez (1682 a 1696) y tras un periodo de inactividad fue terminado por Leonardo de Figueroa (1722 a 1730).

En su fachada principal destaca su portada de estilo churrigueresco terminada en 1754. Es obra de Matías y Antonio Matías Figueroa, hijo y nieto de Leonardo de Figueroa. Su coste fue de 50.000 pesos. La portada se compone de tres cuerpos, el de abajo está compuesto por una puerta flanqueada por tres columnas toscanas a cada lado con fustes ornamentados, que sirven para sustentar el segundo cuerpo, formado por un balcón balaustrado sostenido por atlantes con aspectos de indios. Rodean al balcón doce figuras de mujer, alegóricas de las ciencias y las artes relacionadas con los estudios de náutica. Remata la fachada un conjunto en el que, enmarcada por columnas, se encuentra la figura de San Telmo, patrón de los navegantes, flanqueado por los patronos de la ciudad: San Fernando y San Hermenegildo.

En el interior destaca la escalera imperial terminada en 1796, el salón de columnas, decorado con pinturas de Rafael Tegeo, y una iglesia o capilla, con decoración barroca y pinturas murales de Domingo Martínez.

La capilla, a la que se accede desde uno de los patios es obra del arquitecto Leonardo de Figueroa y en su decoración interior participaron: Pedro Duque y Cornejo como escultor, Miguel de Quintana como cantero, Domingo Martínez como pintor y Juan Tomás Díaz como carpintero, y es de un exuberante barroquismo. Está presidida por la imagen de Nuestra Señora del Buen Aire, una talla de principios del siglo XVII. Las figuras de “San José” y “San Antonio” son obras de Duque Cornejo y el cancel con motivos astrológicos de Juan Tomás Díaz.

Al instalarse los Montpensier, a mediados del siglo XIX, el palacio sufrió importantes reformas, entre ellas la de la fachada septentrional que hoy da a la calle Palos de la Frontera, en dirección al Hotel Alfonso XIII, en la que se dispusieron una serie de esculturas de tamaño natural representando a los Doce Sevillanos Ilustres, ejecutadas en 1895, obra del escultor romántico Antonio Susillo. Estas esculturas son las siguientes:



• Juan Martínez Montañés, escultor.
• Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádiz y capitán general de la Reconquista de Granada.
• Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, pintor.
• Miguel de Mañara. Caballero y filántropo fundador del Hospital de la Caridad.
• Lope de Rueda, escritor.
• Diego Ortiz de Zúñiga, historiador y escritor.
• Fernando de Herrera, poeta.
• Luis Daoíz, héroe militar de la Guerra de la Independencia Española.
• Benito Arias Montano, humanista.
• Bartolomé Esteban Murillo, pintor.
• Fernando Afán de Ribera y Enríquez, duque de Alcalá, humanista.
• Fray Bartolomé de las Casas, religioso, obispo de Chiapas, (México) y protector de los indios.

Entre ellos hay tres que son sevillanos de adopción, pues no nacieron en la ciudad, aunque vivieron y murieron en ella, y son: Benito Arias Montano, de Fregenal de la Sierra (Badajoz), Rodrigo Ponce de León, de Cádiz, y Juan Martínez Montañés, de Alcalá la Real (Jaén).

lunes, 1 de febrero de 2016

Palacio de Mañara


  
El edificio responde al modelo de casa renacentista, si bien los diferentes avatares y propietarios por lo que ha ido pasando, han introducido modificaciones que han alterando el tipo, aún sin perder la claridad de aquel.
 
La Casa-Palacio de Mañara o casa natal de Miguel de Mañara, se sitúa en la calle Levíes, con una fachada trasera a la de Garci Pérez. La fachada principal ocupa prácticamente el rincón que forman Levíes y San Bartolomé, donde se encuentra, muy próxima, la fachada lateral de la iglesia parroquial. Se encuentra ubicada en el centro de lo que fue la aljama o antigua judería de Sevilla. Esta abarcaba el sector comprendido entre el Alcázar y las proximidades de la puerta de Carmona, es decir, los barrios o collaciones correspondientes a las parroquias de la Santa Cruz y de San Bartolomé. La judería se abría hacia el exterior de la ciudad por la puerta de la Carne, de la cual partía hacia el interior la calle principal, que hoy toma los nombres sucesivos de Santa María la Blanca y San José y que separaba las collaciones mencionadas.

El edificio responde al modelo de casa renacentista, si bien los diferentes avatares y propietarios por lo que ha ido pasando, han introducido modificaciones que han alterando el tipo, aún sin perder la claridad de aquel. Está organizada en torno a tres partes diferenciadas, una zona de carácter noble, una segunda zona de servicio y un sector para las cuadras. La entrada al palacio se realiza a través de un zaguán y un patio delantero con un pequeño apeadero con doble arcada, tras el que se accede al patio central, que constituye uno de los elementos más destacados del conjunto, con arquería sobre columnas en las dos plantas. Destacan también las yeserías del patio, diseñadas por Diego López Bueno. En el centro se encuentra la fuente de mármol blanco, de procedencia italiana, citada anteriormente. En uno de los extremos, se sitúa la escalera de dos tramos.

Las estancias de la planta superior distribuidas en torno al patio, presentan techumbre de tradición mudéjar y tardorenacentista, estando cubiertas en su mayor parte por alfarjes y artesonados de madera. En los lados menores del inmueble existen dos patios de carácter secundario, a los que comunican una serie de dependencias de forma rectangular y cuadrada, con columnas y entablamento de madera.

La fachada principal del palacio se sitúa hacia la calle Levíes y presenta dos plantas divididas en calles separadas por pilastras adosadas al muro. El acceso a la casa está localizado en la tercera calle del lado izquierdo del muro, la decoración exterior se encuentra complementada por un conjunto de once rejas desiguales en sus formas, que constituyen un muestrario de la forja sevillana del siglo XVII. La fachada mantiene una forma irregular ceñida a la sinuosidad y el carácter quebrado con los que estaba concebido el entorno urbano de la casa.

La portada data del año 1540, se halla flanqueada por dos columnas de orden toscano, cuyos pedestales están decorados con relieves en los que figuran escudos de armas cruzados. En el friso, decorado con ménsulas, alternan bucráneos con máscaras florales. La decoración pictórica conservada en esta fachada, descubierta en la última restauración, presenta elementos de muy diversa índole: las pilastras se decoran con imitación de sillares, mientras que en el resto del muro la decoración es de ladrillos. En los lugares que falta la ornamentación, ésta se ha completado con pintura.

Historia

Las primeras noticias que se tienen del edificio son del siglo XV. Este se construye, por uno de los miembros de la familia de los Almansa, aprovechando elementos de construcciones anteriores. Restos de esta primitiva casa mudéjar son los zócalos con pinturas murales del salón de la planta baja, fechados probablemente en el segundo tercio del siglo XV.

En 1519 la casa es utilizada como vivienda por Juan de Almansa y su mujer Constanza de Alcocer. En 1532 encarga, al taller del escultor Antonio María Aprile da Carona de Génova, las columnas, balaustradas y solería de mármol con las que decoraría el patio principal.

En 1623 Diego de Almansa, fiscal de Rey en la Real Audiencia, pone en subasta pública la Casa de Mañara. El gran auge experimentado por Sevilla en el siglo XVI, atrajo a numerosos extranjeros que vinieron a buscar riquezas y prosperidad. Uno de ellos fue Tomás de Mañara, Leca y Colona, que compró en el siglo XVI en 13.000 ducados de plata.

Tomás de Mañara muere en 1648, queda como heredero su hijo Miguel, quién no heredó las dotes de comerciante de su padre, dedicándose en los últimos años de su vida a la beneficencia, fue Benefactor del Hospital de la Caridad y revitalizador de la Hermandad, cuyo fin primordial era dar sepultura a los ahogados y ajusticiados. En 1674, abandonó su casa del barrio de la judería para vivir en otra más cercana a la Santa Caridad, donde muere en 1679.

Durante gran parte del siglo XVIII, esta vivienda fue alquilada en varias ocasiones por sus herederos, figurando, entre otros como inquilinos, Pedro Fillot y Manuel Prudencio de Molviedro. En el siglo XIX, sirvió como cuartel para las tropas del mariscal francés Soult. Concretamente fue destinada a alojamiento de la escolta del mariscal Duque de Trebiso.

Posteriormente pasó a ser propiedad de José Vargas Zúñiga y María Josefa Federigi, heredera ésta última del mayorazgo donde se incluía la casa. En 1916 la Hermandad de la Santa Caridad compra el edificio por la cantidad de 77.500 pts. A partir de esta fecha el inmueble tuvo usos muy diversos, todos ellos relacionados con labores industriales, como la manufactura del corcho, la fabricación de alfileres de latón y la hilaturas de la fábrica Fabra y Coats. A partir de los años cincuenta y hasta 1970, fue convertida en escuela pública. Finalmente tras un periodo de abandono total y tras ser incluido en el Plan de rehabilitación del Barrio de San Bartolomé, se comenzaron las obras de rehabilitación en 1989, destinándose a sede de la Dirección General de Bienes Culturales de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Real Monasterio de San Clemente



El Real Monasterio de San Clemente supone la primera fundación conventual de religiosas que se crea tras la incorporación de la ciudad de Sevilla a la corona castellana en 1248, realizada por las tropas de San Fernando.

El convento se enclava en el extremo noroeste de la manzana definida por las calles Torneo, Calatrava, Reposo, Yuste, Santa Clara, Arte de la Seda, Lumbreras, aunque en el pasado seguramente ocupara toda la manzana.

Un primer examen de sus plantas nos sorprende por su falta de tipicidad en comparación con la de otros conventos cistercienses, y es que la distribución se encuentra aquí muy mediatizada por la superposición de actuaciones en los distintos períodos históricos y la acumulación de permanencias.

El monasterio posee dos compases, uno con entrada desde la calle Reposo y la calle Santa Clara, donde también existe otra puerta que da acceso al segundo compás. El primero nos introduce en la iglesia y en el espacio dedicado anteriormente a huertas, y el segundo da paso al torno y a la puerta reglar.

La portada a la calle Reposo, la que da al compás grande de la iglesia, consta de un cuerpo central avanzado y dos laterales. El central lo forma un arco de medio punto flanqueado por pilastras almohadilladas. Los cuerpos laterales poseen sendos vanos adintelados ciegos sobre los que se abren ojos de buey. En la parte superior, una hornacina con el azulejo de San Clemente remata el frontón curvo partido.

La portada del nº 91 de la calle Santa Clara es una puerta sencilla sobre cuyo dintel se conservan restos de un azulejo con la fecha 1771. La del nº 92 da entrada al jardín que precede a la iglesia, es almohadillada y en la parte superior posee una hornacina con un azulejo de San Fernando.

Sus dependencias se estructuran en torno a dos zonas presididas una por el claustro principal, que es la que posee una estructura más clara, y otra por el compás de la calle Santa Clara, que posee una estructura más confusa y edificaciones con un carácter menos unitario.

De lo que parece que fue huerta en los últimos momentos de esplendor del monasterio (siglos XVII- XVIII) queda sólo un pequeño espacio libre en la esquina de las calles Torneo y Calatrava.

Alrededor del claustro principal se sitúan las dependencias más significativas: iglesia y refectorio, una muy poco importante y marginal sala capitular y los dormitorios, todo ello edificado en dos plantas.

Su planta es casi cuadrada, con dos alturas y arquerías de columnas pareadas, abajo de medio punto y arriba de arcos carpaneles en tres de sus frentes; el cuarto es ciego con balconeras entre pilastras. En la construcción del mismo intervienen Diego López Bueno y Miguel de Zumárraga a partir de 1617, finalizándose su construcción en 1632.

La iglesia se sitúa en el lado este del patio y se orienta en sentido norte-sur. Es de una sola nave, un gran arco toral que descansa sobre dos columnas dóricas empotradas en los muros da paso al presbiterio, y los coros, bajo y alto, se sitúan a los pies. Delante de la misma existe un atrio, fechable hacia 1615, formado por arcos sobre columnas de mármol.

La nave se cubre con un magnífico techo de alfarje de cinco paños que se puede fechar en torno a los años de culminación de la iglesia y es uno de los más interesantes de la carpintería sevillana de la segunda mitad del siglo XVI, el presbiterio con cúpula de media naranja y el coro bajo por un artesonado a base de casetones serlianos con decoración de temas vegetales, de principios del siglo XVII. En cuanto a la decoración, toda la nave tiene un zócalo de azulejos del siglo XVI, y el coro bajo unas vidrieras de principios del XVIII de Antonio de la Fuente.

El norte se ocupa con el sobrio refectorio, tras él, la cocina y los restos de la huerta conventual. El ala sur incorpora la sala capitular, la entrada al coro bajo y el llamado "patio angosto". Tras ellos se sitúa la soberbia nave de los dormitorios antiguos y el "patio de la abadesa".

Entre el coro y la nave de dormitorios encontramos el más antiguo de los patios del monasterio; el "patio mudéjar", que se compone de dos frentes de sencillas arquerías que se cegaron posteriormente.

Datos históricos

El Real Monasterio de San Clemente supone la primera fundación conventual de religiosas que se crea tras la incorporación de la ciudad de Sevilla a la corona castellana en 1248, realizada por las tropas de San Fernando.

El primer documento histórico del que se tiene noticia es un privilegio de Alfonso X fechado en 1255, en el que se refiere la circunstancia de la construcción del establecimiento cisterciense en Sevilla. El arzobispo de Sevilla don Remondo funda la comunidad en un destacado enclave, por razones históricas y morfológicas. Concretamente se situó sobre los terrenos del que fue palacio de Bib-Ragel, residencia de verano del monarca abbadita Almutamid I. La situación del palacio permitía la defensa del sector noroeste de la ciudad.

De las obras del primitivo monasterio, desde su fundación hasta el siglo XV, no nos quedan apenas vestigios; la portada de la antigua iglesia, emplazada junto a la sala capitular, o los pilares y pórticos de un claustro conocido como "patio mudéjar". En los siglos XVI y XVII se produce un intenso período de reformas que proporcionó al convento su actual estructura. El monasterio sufrió restauraciones generalizadas en el siglo XVIII. La iglesia fue edificada bajo el patrocinio de Felipe II y consagrada en 1588.

El 22 de Julio de 1811 las tropas francesas expulsan a las monjas y las dependencias conventuales servirán para cuartel y la iglesia para almacén. Las religiosas fueron acogidas en el cercano convento de Santa Clara, regresando en Octubre de 1812, si bien la pujanza de la comunidad se vería ahogada por la desamortización.

El monasterio fue restaurado para la Exposición Universal de 1992, en que formó parte del Pabellón de la ciudad. Las obras fueron patrocinadas por el Ayuntamiento de Sevilla con el concurso de una entidad de ahorros y dirigidas por el arquitecto Fernando Villanueva Sandino.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Hospital de las cinco llagas



 

La construcción del Hospital de las Cinco Llagas o de la Sangre se inició solemnemente el 12 de marzo de 1546. Su construcción se debe a la voluntad de don Fadrique Enríquez de Ribera, que decidió alzar un nuevo edificio para albergar la fundación de caridad que en 1500 creara su madre, doña Catalina de Ribera.

La edificación fue iniciada por Martín de Gaínza, quien la dirige hasta su muerte en 1556. Los patronos de la institución designan en 1558 a Hernán Ruiz II para continuar con las obras, y el hospital se inaugura un año más tarde, aunque los trabajos continúan hasta bien entrado el siglo XVII. Otros aparejadores y arquitectos destacables, como Francisco Sánchez, Juan de Minjares o Asensio de Maeda, se suceden en las intervenciones, que nunca llegan a finalizarse por completo.

La planta rectangular del edificio guarda grandes similitudes con el Hospital Mayor de Milán. El espacio interior se organiza en torno a diez patios, de los que sólo se llegaron a construir nueve y hoy se conservan ocho. Los patios y las amplias galerías permiten la entrada de sol y garantizan la ventilación exterior, según el modelo de hospital renacentista.

El alzado de la fachada se realiza mediante dos plantas divididas en módulos por pilastras jónicas y toscanas, con ventanas rematadas por frontones triangulares. En ella se sitúa la portada de acceso principal, terminada en 1617 por Miguel de Zumárraga.

La particularidad la marca la iglesia , situada exenta en el patio central y de mayor altura que el resto del edificio. Presenta planta de cruz latina con brazos cortos, capilla mayor semicircular y sacristía rectangular tras ella. Su ejecución corresponde a Hernán Ruiz II, que la dota de gran coherencia formal y decorativa. La portada principal del templo ofrece esquema de arco triunfal, con dos cuerpos, dórico el bajo y jónico el superior, rematados por un frontón. Destacan los relieves de las virtudes teologales, labrados por Juan Bautista Vázquez el Viejo en 1564. En el interior, lo más destacado es su monumental orden jónico, así como las bóvedas que cubren la nave y el crucero. En la cabecera se sitúa el retablo mayor, cuyo diseño se atribuye a Asensio de Maeda, y la ejecución de las pinturas, fechadas en 1602, al pintor rondeño Alonso Vázquez.

El hospital estuvo dotado de condiciones higiénicas excepcionales en su momento, como cloacas o abastecimiento de agua por medio de un acueducto. Durante su existencia realizó una gran labor asistencial, especialmente en épocas de inundaciones o epidemias. Desde su apertura estuvo en manos privadas hasta la Desamortización de Mendizábal. Al asumir la Diputación de Sevilla las ayudas asistenciales y la beneficencia, pasa a ser la titular del mismo hasta su cesión a la Junta de Andalucía.

El cierre del hospital se produce en febrero de 1972 debido a su pésimo estado de conservación, aunque se siguen manteniendo algunos servicios sanitarios. El declive fue resultado natural del paso del tiempo y de los avatares históricos y políticos, que lo sumergen en una aguda crisis ya en el siglo XIX, continuada en el siglo XX, donde a pesar de desarrollarse en él los mejores años de la medicina en Sevilla, la lucha por sus recursos y espacios dejan de lado la necesaria conservación.

Diez años después de su desalojo, y sin haber sido ajeno a distintos expolios, se inician los pasos para la generosa cesión del edificio a las instituciones autonómicas por parte de la Diputación de Sevilla, dueña del mismo desde su desamortización en el s.XIX, y en el que realizó una importante asistencia benéfica. En 1986 se elaboran los primeros proyectos y un año más tarde se inician las obras, que concluyen en 1992. El 28 de febrero de ese año el Parlamento de Andalucía estrenó su sede.En esta primera fase se restauraron los patios de Farmacia , de San Carlos , del Recibimiento , del Alcohol y de Cobalto , situados tras la fachada principal. Fue adaptada la iglesia como Salón de Plenos y las salas de enfermería que la rodean como Biblioteca, Sala de Usos Múltiples y salas de Comisiones. En total se rehabilitaron para el Parlamento de Andalucía 48.648 metros cuadrados de superficie.

domingo, 15 de noviembre de 2015

El palacio Arzobispal


Otra joya de nuestro patrimonio, bastante desconocida, que merece la pena visitar.

El Palacio Arzobispal ocupa la mayor parte de la manzana delimitada por la plaza Virgen de los Reyes al sur, la calle Don Remondo al este, Segovias al norte y Placentines y Alemanes al oeste. Es uno de los grandes desconocidos a pesar de su enclave en el casco antiguo de Sevilla, junto a la catedral, la giralda y los reales alcázares, este edificio es para la mayoría un exterior fantástico barroco que raras veces se visita y solo parcialmente.

El edificio se enclava en el borde meridional de la antigua acrópolis, en el solar que ocupa hubo un conjunto termal de época romana y unas casas almohades.

El Palacio Arzobispal de Sevilla es un monumento de primer orden, que está ligado como pocos a la historia de la ciudad desde los mismos días de la Reconquista cristiana. El año 1251, Fernando III el Santo donó al Obispo Don Remondo, entonces titular de Segovia y poco después de la sede hispalense, unas casas en la plazuela de Santa María.

Del primitivo palacio no queda resto alguno, puesto que los más antiguos pertenecen al proceso constructivo que se desarrolló en la segunda mitad del siglo XVI, en tiempos del Arzobispo Don Rodrigo de Castro, quien inició la transformación de las antiguas casas arzobispales en un solo conjunto unitario, proceso que prosiguió a comienzos del siglo XVII, dirigiendo las obras el milanés Vermondo Resta, arquitecto diocesano. En esta época se configuró la actual fisonomía del Palacio en torno a sus dos patios principales.

El cuidado y sensibilidad que han mostrado siempre queda patente en las constantes obras de conservación y embellecimiento que los distintos obispos han realizado allí. En las piedras, techumbre y salones del edificio actual quedan testimonios arqueológicos de las llevadas a cabo por el Arzobispo don Gonzalo de Mena (1395-1400), y sucesivamente de las hechas a fines del siglo XV, y de las del Arzobispo don Diego de Deza (1505-1523), y luego el Cardenal Muñoz de Guevara.

En la segunda mitad del siglo XVII, el Arzobispo Patiño inicia el definitivo engrandecimiento del Palacio Arzobispal de Sevilla y ordena construir la magnífica escalera barroca, ejecutada por Fray Manuel Ramos.

Hace pocos años el cardenal don Pedro Segura y Sáez ordenó y financió en el palacio importantes trabajos de consolidación y restauración.

Excepcionalmente en el siglo XIX el palacio fue Comandancia General durante la ocupación francesa y vivienda ocasional de los Duques de Montpensier a su llegada a la ciudad. En 1810 sirvió de alojamiento al mariscal Soult y sus oficiales, recuperando el palacio el nuevo arzobispo Mon y Velarde en noviembre de 1816. Respecto a Antonio de Orleáns y María Luisa Fernanda de Borbón, duques de Montpensier, se alojaron en este edificio en 1848, mientras se habilitaba el palacio bajo de los Reales Alcázares.

La portada principal, a la plaza de la Virgen de los Reyes, de estilo barroco, es obra de Lorenzo Fernández Iglesias y Diego Antonio Díaz; fue construida en el siglo XVIII y está considerada una de las mejores del barroco sevillano. En ella cabe destacar los colores albero y sangre de toro con que está decorada, colores que acompañan a otros edificios emblemáticos de la ciudad.

El edificio se distribuye en torno a dos patios principales y otros menores ajardinados en la parte posterior, tiene como elementos barrocos de primer orden la escalera monumental, las fachadas y las dos portadas; la principal de ellas verdaderamente majestuosa.

Esta portada viene a culminar el proceso de remodelación que se había llevado a cabo durante las últimas décadas del siglo XVII, y se levanta bajo el patrocinio del arzobispo don Manuel Arias, por lo que su escudo campea sobre la clave del arco de entrada. Labrada en piedra, se levanta en dos cuerpos de altura donde destacan las bellas columnas corintias pareadas del primer cuerpo. Un frontón curvo partido da paso al segundo cuerpo, donde pilastras talladas flanquean el balcón central que se enmarca con potentes molduras. Finalmente, una cornisa que se arquea sobre el dintel del balcón da paso a un remate de pináculos y jarras con azucenas, emblema de la diócesis sevillana, centrando una cruz de hierro forjado.

En el costado que da a la calle Placentines posee otra portada, mucho más sencilla que anteriormente descrita. Como anécdota, se hace referencia a que bajo ella se cobija tradicionalmente la imagen del Señor de la Sagrada Cena en la mañana del día del Corpus Christi.

Nada más cruzar el umbral de la portada lo primero que se puede observar son dos patios de estilo manierista construidos entre los siglos XVII y XVIII.  Se encuentran separados por una galería central al final de la que se sitúa la escalera principal. Ambos patios muestran en sus paramentos un enlucido que va a ser característico del barroco sevillano, a base de ocre y almagra.

El segundo patio posee una fuente del siglo XVI, detrás de éste se encuentran las dependencias del Archivo General del Arzobispado y Biblioteca, que conserva toda la documentación eclesiástica de la archidiócesis hispalense, datando los más antiguos del siglo XIV, los fondos de este archivo están siendo reordenados y clasificados desde el año 1972 bajo la supervisión de la Institución Colombina habiéndose catalogados aproximadamente más de 13.000 legajos, unos 300 pergaminos y cerca de 800 libros, llegando a ocupar más de 2.500 metros lineales.

Del interior destaca su majestuosa escalera central realizada en mármoles de colores en un solo tiro y tres tramos que culminan en una amplia tribuna, levantada en el s. XVII por Fray Manuel Ramos bajo el patrocinio del arzobispo don Jaime Palafox. El hueco de la escalera se cubre con un casquete oval decorado con pinturas de Juan de Espinal realizadas hacia 1775 durante el arzobispado de don Francisco Javier Delgado Venegas.

También es admirable el Salón Principal. Tiene el techo más ricamente pintado de todos los palacios sevillanos, constituyéndose en uno de los conjuntos pictóricos más importantes del siglo XVIII. Se trata de una colección de 60 pinturas al óleo sobre lienzo de autores tales como Bartolomé Esteban Murillo, Juan de Zamora y Juan de Espinal.

La Capilla se construyó a mediados del XVII y fue renovada entre 1779 y 1780 bajo la dirección de Antonio Figueroa. Se sitúa en la planta alta, en el frente Norte del patio del apeadero. Es de planta rectangular de una sola nave, con cinco tramos, ábside semicircular orientado a poniente y se cubre con bóveda de cañón con lunetos. En cuanto a la decoración, encontramos un friso neoclásico, cinco retablos y el escudo del obispo Spínola sobre la bóveda.

Además, el palacio, posee un importante patrimonio artístico compuesto por pinturas y esculturas del barroco sevillano, superado únicamente en Sevilla por el Museo de Bellas Artes y la Catedral, convirtiéndose en la tercera pinacoteca de la ciudad, entre sus pinturas se pueden ver obras de Francisco Herrera el Viejo, Francisco Pacheco, Zurbarán y Murillo a esto hay que añadir colecciones procedentes de las escuelas italiana y holandesa también de estilo barroco.

Estos fondos pictóricos fueron catalogados en 1979 por Valdivieso y Serrera determinando que existen 296 pinturas, conteniendo obras que datan de los siglos XVI al XX, aunque la mayoría de ellos están datados entre los siglos XVII al XVIII.

En fin como habrán podido apreciar otra joya de nuestro patrimonio, bastante desconocida, que merece la pena visitar.

martes, 3 de noviembre de 2015

La antigua Audiencia de Sevilla


La Audiencia Territorial ocupa uno de los lados mayores de la Plaza de San Francisco y es junto al patio de la Casa Lonja  uno de los edificios civiles renacentistas más bellos y de mayores proporciones de Sevilla.

En el año 1250, el rey Fernando III concede a la ciudad de Sevilla un ordenamiento jurídico y autoridad suficiente para impartir justicia.

Ya desde el siglo XIV se sabe que existe en este solar una sala para ejercer esta función, siendo el juez de grado Rui García de Santillán quien consigue una casa en la plaza de San Francisco para su servicio.

Con los Reyes Católicos se instala la Audiencia de Grados, que dependía de la Real Chancillería de Granada, siguiendo su planteamiento iniciado para la reforma de la justicia. En 1553 se funda la Real Chancillería de Sevilla, independiente de la anterior, lo cual lleva a la ampliación del edificio.

La Audiencia Territorial ocupa uno de los lados mayores de la Plaza de San Francisco y es, junto con el Ayuntamiento, lo único que se conserva del histórico conjunto urbano. Fue construida en estilo manierista y junto al patio de la Casa Lonja es uno de los edificios civiles renacentistas más bellos y de mayores proporciones de Sevilla.

Tradicionalmente se ha venido afirmando que la construcción del edificio de la Real Audiencia formó parte del nuevo proceso de formalización urbanística de la Plaza de San Francisco en el siglo XVI, iniciado con la construcción de las nuevas Casas Consistoriales proyectadas por Diego de Riaño en 1526. Este edificio fue uno de los más tardíos en experimentar su transformación al leguaje renacentista, transformación que se inició, al igual que la Chancillería de Granada, desde dentro hacia fuera a finales del siglo XVI.

El edificio es de planta cuadrangular y tres pisos de altura, con zaguán y patio alrededor del cual se distribuyen las estancias. Entre las salas que lo rodean destaca la que en tiempos pasados se denominaba el Salón de Acuerdos. En uno de sus laterales alberga la monumental escalera de acceso al cuerpo superior, con zócalos de azulejos. El inmueble acoge en su interior una rica colección de pinturas, de azulejos, frisos con decoración plateresca y puertas de madera tallada.

La fachada principal se divide en tres plantas separadas horizontalmente por una cornisa corrida. Y estructurada verticalmente por pilastras de órdenes superpuestos que dividen los espacios en altura en dos, tres y cuatro vanos. El cuerpo bajo con grandes ventanales rectangulares con orejetas, el segundo cuerpo con balcones rematados por frontones triangulares coronados por bolas y el tercer cuerpo con vanos de medio punto flanqueados por columnas corintias, rematándose el conjunto por un antepecho abalaustrado con bolas y flameros.

La portada se encuentra situada en el centro de la fachada principal y ocupa los tres cuerpos de altura. El tercer cuerpo parte de una cornisa y presenta un escudo de los Austrias con el águila bicéfala.

La renovación de la fachada del edificio medieval no se inició hasta 1605, al hallarse derribada, el Ayuntamiento propuso retranquear el edificio para mejorar la regularización de la plaza. A falta de documentación la autoría de las obras del patio y de la fachada se han atribuido a diversos arquitectos, principalmente a Hernán Ruiz, Vermondo Resta y Alonso de Vandelvira.

La antigua Chancillería, actual Audiencia, es uno de los edificios de administración pública del siglo XVI más hermosos que se conservan en la ciudad de Sevilla. Mandada a construir por Felipe II entre 1595 y 1597, se terminó en 1606. El edificio ha sufrido diversas transformaciones en los siglos XVIII XIX y XX.

Durante el siglo XIX se realizaron diversas obras que fueron alterando la fisonomía de la fachada. A partir de 1818 se trasladó la portada y balcón principal al centro del edificio. En 1842 se remató la fachada con un reloj y una escultura de San Saturno, creándose un nuevo zaguán de entrada al patio principal; derribándose la cárcel ubicada a la izquierda de la Audiencia, Cárcel de Olivares, en el año 1858 debido a su mal estado de conservación Con posterioridad, en 1861, fue suprimida la torre ante la amenaza de ruina.

La última reforma se realizó en 1918 tras un incendio que destruyó parte de las cubiertas, siguiendo el proyecto de Aníbal González. A partir de estas reformas el edificio tomó un aspecto similar a la Universidad de Alcalá de Henares. Por último el edificio fue sometido en 1970 a una serie de reformas proyectadas por Rafael Manzano Martos, con el fin de adaptarlo a sede central de la Caja de Ahorros de San Fernando y sede actual de la caja de ahorros Cajasol de Sevilla.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Iglesia de Santa María la Blanca



 El único templo de Sevilla que conserva restos de las tres religiones es Santa María la Blanca. fue mezquita, después sinagoga y, finalmente, iglesia cristiana.

Tras los trabajos finalizados recientemente, se ha podido comprobar que el único templo de Sevilla que conserva restos de las tres religiones es Santa María la Blanca. fue mezquita, después sinagoga y, finalmente, iglesia cristiana. En la segunda fase de los trabajos de restauración terminados en enero de 2.013, los arqueólogos han encontrado por primera vez restos de estructuras, tanto de la mezquita como de la sinagoga judía, que apuntan a que el actual templo cristiano no se levantó a costa de destruir los anteriores, sino utilizando al menos parte de lo edificado.

La primitiva mezquita sería modesta, "de barrio", fundada intramuros de la ciudad, ante una de las antiguas puertas de entrada hoy desparecida, llamada de Bab Chauar o de las Perlas, más tarde de Minjoar y actualmente de la Carne.

Después de la reconquista de la ciudad por parte del rey Fernando III, su hijo Alfonso, mediante un Privilegio Rodado fechado en 5 de agosto de 1.252, cede a la Iglesia de Sevilla todas las mezquitas de la ciudad, excepto las tres que se encontraban en el interior del barrio de la judería, que se transforman en sinagogas y, posteriormente, en las iglesias cristianas de san Bartolomé, santa Cruz y santa María la Blanca. En concreto, la sinagoga de santa María la Blanca es consagrada al culto cristiano en 1.391, justo después de la matanza de judíos instigada por el tristemente famoso arcediano de Écija, Ferrán Martínez. Tras los trabajos finalizados recientemente, se ha podido comprobar que el único templo de Sevilla que conserva restos de las tres religiones es Santa María la Blanca.

En la construcción de la nueva iglesia sigue las trazas cristianas del arte gótico, con portada de arco apuntalado y aprovechamiento de las columnas y capiteles romanos que todavía se conservan en el muro lateral de la calle Archeros.

La configuración  del edificio actual data del siglo XVII y en ella tuvo una especial intervención el canónigo de la catedral Justino de Neve, cuya vinculación con este templo comienza en 1657 cuando ingresa en su Hermandad sacramental, figurando veinte años más tarde como Hermano Mayor de la misma.

Las obras fueron realizadas en dos fases: la primera en 1660, cuando se alzó su capilla mayor, que debió ser levantada por Pedro Sánchez Falconete, el cual en 1651 ya había construido la espadaña, que fue respetada. El retablo es también de 1660, según testimonio de Torre Farfán por el que sabemos que del templo primitivo solo se conservó esta capilla, por ser de realización reciente.

La segunda fase en la construcción de la iglesia (de 1662 a 1665) Se quitaron las primitivas columnas de piedra que estaban en mal estado y se sustituyeron por cinco pares de columnas de jaspe rojo y sobre ellas se voltearon arcos semicirculares. El templo quedó configurado como  una planta de forma rectangular con una prolongación de la cabecera y con dos cuerpos, también rectangulares, que se adosan en el muro de la nave de la Epístola, abierto a la calle Archeros. Su interior se organiza según tres naves, prácticamente de la misma altura,  divididas en seis tramos a través de dos hileras de columnas toscanas que a partir de arcos de medio punto, reciben los pesos de sus bóvedas, de cañón con falsos lunetos en la nave central, y de aristas en las laterales. En el teórico crucero se eleva una bóveda semiesférica iluminada por dos óculos laterales. En julio de 1663 el propio Justino de Neve contrató con el cantero Gabriel de Mena la labra de diez columnas con un coste de 500 ducados, y el contrato para la realización de las cubiertas fue firmado en julio del año anterior.

La decoración interior del templo está fundamentada principalmente en yeserías barrocas de ángeles  y recargadas de elementos vegetales trazadas  por Pedro Sánchez Falconete y decoradas por Pedro de Borja, según Teodoro Falcón. Estas dan una gran carga de apariencia barroca que enmascara por completo las trazas góticas originales.

Este panorama decorativo se completa con cuatro grandes lienzo semicirculares que encargó Justino Neve a Bartolomé Esteban Murillo de gran calidad técnica y excelente composición. Dos más grande situados en los intercolumnios del espacio que precede al presbiterio. Los otros dos, algo menores, se colocaron en los testeros de las naves laterales. Los dos primeros fueron expoliados durante la invasión francesa. En la actualidad se hallan en el Museo del Prado y en su lugar existen en la iglesia sendas réplicas.

Finalmente, dentro del epígrafe de la decoración, hay que citar los azulejos que decoran los muros del templo y de algunas capillas, idénticos a los que se hallan en la Sacristía de la iglesia del Sagrario, que fueron realizados por Diego de Sepúlveda.

Las obras concluyeron a principios de Julio de1665, siendo consagrado el templo el 5 de Agosto siguiente, festividad de Ntra. Sra. de las Nieves

La imagen de Nuestra Señora de las Nieves, realizada por Juan de Astorga a comienzos del siglo XIX, preside precisamente el retablo del presbiterio. Barroco de hacia 1690, que presenta columnas salomónicas  como elementos estructurales con tallas de Santa Justa y Rufina en los laterales .

Destacan además los dos retablos existentes en la capilla Sacramental, que se encuentra situada en la nave de la Epístola. De éstos, el que preside la capilla, y situado en el muro de la izquierda, es conocido como el retablo de la Cofradía del Lavatorio, y en él pueden contemplarse las imágenes de el Crucificado del Mandato,  que se ubica en su parte central, entre las figuras de la Virgen y San Juan. En el frente, otro retablo de líneas muy barrocas y gran valor artístico, está presidido por la figura de San José con el Niño, atribuido a Cristóbal Ramos del siglo XVIII.

Exteriormente, y por encontrarse la iglesia adosada a una esquina de una manzana de viviendas, cuenta con dos fachadas muy distintas entre sí, en este caso ambas de medianas dimensiones.

La principal, situada a los pies de la iglesia se organiza en forma de torre-fachada, con un arco apuntado y abocinado, cuya rosca exterior se decora a base de puntas de diamante labradas en piedra. Sobre este primer cuerpo se levantan otros tres, con huecos altos y estrechos, los dos superiores para alojar campanas.